

Se crea la nueva provincia de Matanzas, y esta ciudad convertida en Capital de provincia por su posición céntrica, y que ya de antes no miraba con simpatía el desarrollo pujante de Cárdenas, su vecina y posible competidora industrial y comercial, comenzó a hacerle indirectamente al menos, por medio de sus gobernantes, una guerra sorda y al parecer innocua, llevándose para su engrandecimiento grán parte de los fondos provinciales y dejando a los pueblos de ella dependientes, como Cárdenas, casi a merced de sus recursos, ya muy diezmados por el fisco nacional, sin las atenciones a las que tiene derecho todo pueblo eminentemente productor, cual era el cardenense.
![]() |
Solo recuerda el trágico bombardeo del 11 de Mayo de 1898, que sobre ella realizó la escuadra norteamericana surta en las afueras del puerto, causando varios muertos civiles, bastantes heridos y muchos destrozos en casas y almacenes. La buena intención de lo marinos para con el pueblo cubano atenúa un poco la crueldad de aquel bombardéo imprudente e innecesario.
Pero todo, a Dios gracias, terminó: y sobre nuestros campos de batalla, aún humeantes por la pólvora y enrojecidos por la sangre de los que en realidad eran hermanos, quedó resonando por muchos años el eco de unas palabras pronunciadas por el noble y grán patriota cardenense, el primer alcalde de la independencia hispana, Don Joaquín de Rojas en memorable alocución a la ciudad y a las tropas vencedoras capitaneadas por su hijo Carlos Maria de Rojas:
"Cuan noble y bello es olvidar pasadas diferencias y agravios. Cuan necesario es que olvidemos, para con el concurso de todos emprender desde luego la obra de la regeneración de la Patria..."
Acertadas y dignas palabras con las que queremos olvidar unos años, una época, en la que junta con grandes aciertos y ventajas que constituirán nuestros eternos blasones de gloria y de orgullo, se cometieron grandes errores y faltas de lesa política, atribuidas nó a una nación española, al fin de cuentas madre nuestra, sinó a unos hombres que con esas injusticias no representaban ni el corazón de aquella grán patria, ni su espíritu o ideal noble y justiciero.
